Cicatrices de poder...
Secuelas de la intervencion estadounidense
La ocupación estadounidense de Haití entre 1915 y 1934 dejó profundas secuelas políticas y sociales que marcaron el rumbo del país durante décadas. Aunque se reconocen ciertos logros en infraestructura, lo más significativo fue el fortalecimiento de estructuras de dependencia y dominación externa. Se impuso un reacondicionamiento de las fuerzas sociopolíticas que dio paso a una democracia representativa distorsionada y frágil, que, bajo presión económica, derivó en el autoritarismo duvalierista. La ocupación se justificó mediante un discurso civilizatorio basado en estereotipos racistas que retrataban a los haitianos como incapaces de gobernarse, lo cual legitimó las prácticas más violentas de re-colonización. Esta lógica también afectó al propio colonizador, que terminó deshumanizado por el ejercicio brutal del poder. Se firmó un convenio bilateral en 1916 y en 1918 se impuso una nueva Constitución, supuestamente redactada por Franklin D. Roosevelt, que permitió la propiedad privada extranjera y ratificó todos los actos de la ocupación, mientras el parlamento haitiano fue disuelto y las elecciones manipuladas. Además, se creó la gendarmería haitiana, una fuerza militar bajo control estadounidense, que reprimió a la población y protegió intereses foráneos, mientras que el sistema de trabajo forzado conocido como corvée obligaba a campesinos y obreros a construir infraestructuras sin remuneración, en condiciones brutales. Esta dinámica consolidó la tradición militarista del país. No obstante, frente a la represión surgió una intensa resistencia armada y, especialmente en los últimos años de ocupación, una resistencia ideológica que revalorizó la negritud haitiana y el vudú como elementos identitarios, dando paso al movimiento noiriste. Aunque esta corriente fue idealizada y más simbólica que estructural, sentó las bases para un modelo de Estado que, irónicamente, derivó en la dictadura fascista de François Duvalier.
Secuelas de la intervencion de 2004
La intervención internacional en Haití en 2004, que culminó con la remoción forzada del presidente Jean-Bertrand Aristide —quien fue literalmente secuestrado por funcionarios estadounidenses y trasladado a la República Centroafricana—, representó un quiebre abrupto del frágil orden democrático haitiano y fue ampliamente considerada un golpe de Estado. Estados Unidos y Francia ignoraron las propuestas institucionales impulsadas por la Comunidad del Caribe (Caricom) para resolver la crisis y esclarecer la salida de Aristide, optando en su lugar por una intervención militar encabezada por la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). Desde el inicio, esta decisión fue vista como desacertada, con resultados sumamente limitados: los logros en términos de orden público fueron exiguos, los asesinatos políticos continuaron y no se logró desarmar a los grupos paramilitares, imposibilitando cualquier convivencia pacífica. La misión fracasó en sus objetivos principales: pacificar el país, estabilizar la situación política y fomentar la reconciliación social. A esto se sumó un bloqueo de facto por parte de Estados Unidos entre 2001 y 2005, que impidió el ingreso de aproximadamente 500 millones de dólares en asistencia internacional, incluyendo créditos ya aprobados por el Banco Interamericano de Desarrollo, lo cual agravó aún más la crisis social. Además, la falta de un objetivo político claro por parte de la intervención alimentó la inestabilidad, y los problemas estructurales del país fueron sistemáticamente postergados mientras la misión se volvía cada vez más ambigua. En este contexto, el deterioro social y político se profundizó: proliferaron los secuestros, los asesinatos, las violaciones de derechos humanos, las bandas criminales y el narcotráfico, en medio de un creciente descontrol institucional y una creciente hostilidad hacia las fuerzas de la ONU. Finalmente, la participación de tropas latinoamericanas en MINUSTAH no respondió a una voluntad soberana, sino que fue percibida como una acción orquestada por Estados Unidos, que impuso su agenda mientras utilizaba a los países de la región como ejecutores subordinados de su política exterior.
Secuelas de las decisiones politicas de EE. UU
Las decisiones políticas de Estados Unidos han tenido un impacto prolongado y devastador en Haití, exacerbando múltiples crisis estructurales. La eliminación del programa Petrocaribe —debido a las sanciones impuestas por la administración Trump a Venezuela— privó a Haití de una fuente esencial de combustible asequible, lo que llevó al primer ministro Ariel Henry a incrementar drásticamente los precios, agravando el malestar social. A ello se suma la epidemia de cólera introducida en 2010 por fuerzas de paz de la ONU, un hecho que profundizó la desconfianza hacia las intervenciones extranjeras. En el ámbito de la seguridad, el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021 reveló vínculos inquietantes: al menos siete de los exmilitares colombianos implicados recibieron entrenamiento estadounidense, y aunque no se ha confirmado oficialmente, informes del New York Times indican que a los conspiradores se les presentó la operación como una misión de la CIA con respaldo estadounidense. Paralelamente, Estados Unidos y sus aliados europeos respaldaron firmemente al primer ministro Henry —impuesto sin elecciones y sin legitimidad constitucional— a pesar de que existen evidencias que lo vinculan con el magnicidio. Washington ignoró propuestas haitianas como el Acuerdo de Montana, lo que permitió a Henry mantenerse en el poder, profundizando la anarquía y facilitando la expansión de bandas criminales. La actual misión internacional liderada por Kenia, aunque autorizada por la ONU, genera temor de ser percibida como una nueva fuerza de ocupación, sobre todo debido al historial en derechos humanos de las tropas kenianas y la barrera idiomática que podría aumentar la confusión entre civiles y grupos armados.
En este contexto, Haití se encuentra sumido en el caos: la violencia, los secuestros, el cierre de escuelas y una inflación del 30 % conforman un panorama desolador, alimentado por la reiterada injerencia extranjera que, lejos de aportar soluciones, ha contribuido a profundizar la crisis.
Referencias:
Tokatlian, Juan Gabriel. (2025). HAITI: Una intervencion desafortunada. Analisis politico, 18(55), 39-44. Retrieved June 30, 2025. De http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0121-47052005000300003
Fonseca Melody. (2010). Construcción del Otro haitiano: Apuntes sobre la ocupación estadounidense de Haití 1915-1934. V Congreso Latinoamericano de Ciencia Política. Asociación Latinoamericana de Ciencia Política, Buenos Aires.
Branco Marcetic. (2023). The United States Has Its Fingerprints All Over the Chaos in Haiti. From http://jacobin.com/2023/10/haiti-crises-chaos-united-states-foreign-policy-intervention
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